La sonrisa de la Catrina: de la calavera garbancera de Posada al mural de Rivera

Posada murió en 1913 sin saber que su calavera garbancera sería el rostro del Día de Muertos. El nombre de Catrina se lo dio Diego Rivera décadas después.

El 20 de enero de 1913 murió en la Ciudad de México un grabador de 60 años. Lo enterraron en una tumba sin nombre. Había producido miles de imágenes para hojas sueltas que se vendían por centavos en la calle: crímenes, milagros, desastres, corridos y, cada noviembre, calaveras.

Entre esas imágenes había una cabeza de mujer, puro hueso, con un sombrero enorme cubierto de plumas y flores. Ese mismo año apareció impresa en una hoja que no hablaba de una dama elegante, sino de vendedoras de garbanzo. Se llamaba José Guadalupe Posada, y su calavera tardaría décadas en convertirse en la Catrina.

Grabado de José Guadalupe Posada: calavera de mujer con un gran sombrero adornado con plumas y flores
La calavera de Posada, publicada en 1913. Dominio público, vía Wikimedia Commons.

El grabador de las hojas baratas

Posada nació en Aguascalientes en 1852. Trabajó buena parte de su vida para la imprenta de Antonio Vanegas Arroyo, en la capital, que publicaba literatura popular y barata. Los académicos calculan que produjo más de 20,000 imágenes para hojas volantes, folletos y cuadernillos.

Sus calaveras no eran adornos de temporada. Eran sátira. Con esqueletos vestidos de charros, periodistas, catrines o políticos, se burlaba de la vida de la clase acomodada y del régimen de Porfirio Díaz. La muerte servía para recordar que, debajo de la ropa, todos terminan igual.

¿Quiénes eran las garbanceras?

La hoja de 1913 se titulaba «Remate de calaveras alegres y sandungueras», y advertía que «las que hoy son empolvadas garbanceras» pararían en «deformes calaveras». El nombre original de la imagen, la Calavera Garbancera, viene de ahí.

Según National Geographic, «garbancera» se refería a personas de origen indígena que vendían garbanzo en lugar de maíz y que buscaban parecer europeas para ascender socialmente. El texto de la hoja no lo escribió Posada, y se dirigía contra esas vendedoras. La imagen, en cambio, suele interpretarse como una burla a quienes imitaban la moda europea, sobre todo entre las élites.

El giro: el nombre se lo puso Diego Rivera

Posada murió sin fama. Fue en la década de 1920 cuando el artista francés Jean Charlot empezó a difundir sus grabados como obra de arte y lo llamó «grabador del pueblo mexicano». Los muralistas lo adoptaron como precursor.

En 1947, Diego Rivera pintó el mural Sueño de una tarde dominical en la Alameda Central. En el centro colocó a la calavera de Posada, ahora de cuerpo entero, con vestido largo y una boa de plumas en forma de serpiente, tomada del brazo del propio Posada y de la mano de un Diego niño. Rivera le dio el nombre que conservamos: la Catrina, femenino de «catrín», el hombre elegante y bien vestido.

Pareja caracterizada como catrín y catrina en Ciudad Juárez
Catrín y catrina en Ciudad Juárez. Foto: Daniel Lloyd Blunk-Fernández en Unsplash.

De la sátira al símbolo

Con los años, la imagen dejó de leerse como crítica social y se volvió un emblema de Día de Muertos. Hoy aparece en figuras de barro, desfiles, maquillajes y decoraciones. La sonrisa de hueso que Posada usó para burlarse de la vanidad se convirtió en una forma alegre de convivir con la muerte.

Lo que se sabe y lo que sigue en discusión

Documentado:

  • La calavera fue grabada por Posada y publicada en una hoja de 1913.
  • Su nombre original fue Calavera Garbancera.
  • Diego Rivera la llamó Catrina y la pintó de cuerpo entero en su mural de 1947.

En discusión:

  • A quién satirizaba exactamente la imagen: las fuentes coinciden en la crítica a la imitación de lo europeo, pero difieren en si apuntaba a vendedoras populares o a las élites.
  • Algunos especialistas señalan que Rivera contribuyó a presentar a Posada como un artista revolucionario, una imagen que no corresponde del todo con su trabajo comercial.

Una sonrisa sin labios

En una calavera, los dientes quedan completamente a la vista, sin labios ni encías que los cubran. Por eso la Catrina siempre parece sonreír. Es la misma razón por la que los dientes son tan útiles para identificar restos humanos: son lo último que desaparece. Lo contamos en Los dientes también cuentan quiénes fuimos, y la otra calavera sonriente de la temporada está en Calaveritas de azúcar.

Posada dibujó esa sonrisa para burlarse de quienes querían aparentar. Más de un siglo después, es la cara con la que México recibe a sus muertos.

Fuentes consultadas

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