Los dientes también cuentan quiénes fuimos: breve historia de la odontología forense

De un puente de marfil en 1776 a un incendio en París y un tsunami en Tailandia: cómo los dientes ayudan a devolverle el nombre a una persona.

En la primavera de 1776, en una colina cerca de Boston, un grupo de hombres abrió una fosa poco profunda. Buscaban el cuerpo del doctor Joseph Warren, uno de los líderes de la rebelión de las colonias, muerto meses antes en la batalla de Bunker Hill. Los restos estaban mezclados y desfigurados. Nadie podía decir cuál era él.

Entonces se acercó un platero llamado Paul Revere. Buscó en una de las bocas un pequeño puente de marfil sujeto con alambre. Lo reconoció enseguida: lo había hecho él mismo.

Retrato de Paul Revere pintado por John Singleton Copley hacia 1768
Paul Revere retratado por John Singleton Copley hacia 1768. Museum of Fine Arts, Boston. Dominio público, vía Wikimedia Commons.

El platero que hacía dientes

Hoy se recuerda a Paul Revere por su cabalgata nocturna para avisar de la llegada de las tropas británicas. Pero en 1768 también había abierto en Boston un pequeño negocio de dientes artificiales, que anunciaba en los periódicos de la ciudad.

Poco antes de la guerra, le había colocado a Warren un puente con un canino y un premolar de marfil. Ese trabajo, hecho a mano, era único. Por eso sirvió para identificarlo. El Museo Nacional de Salud y Medicina de Estados Unidos lo considera probablemente la primera identificación de restos humanos a partir de un trabajo dental documentada en ese país.

París, 1897: el incendio que creó una disciplina

El 4 de mayo de 1897, un incendio arrasó el Bazar de la Caridad, una feria benéfica de la alta sociedad parisina. Murieron más de 120 personas, la mayoría mujeres. Muchos cuerpos quedaron tan dañados por el fuego que sus familias no podían reconocerlos.

Para identificarlos se recurrió a los dentistas de las víctimas, que compararon los restos con sus propios registros de tratamientos. Así se identificó, entre otras, a la duquesa de Alençon, hermana de la emperatriz Isabel de Austria.

Ilustración de Le Petit Journal de 1897 sobre el incendio del Bazar de la Caridad en París
El incendio del Bazar de la Caridad en Le Petit Journal, 1897. Dominio público, vía Wikimedia Commons.

Un joven dentista cubano, Óscar Amoëdo, nacido en Matanzas en 1863 y radicado en París, estudió aquellos casos. Al año siguiente presentó su tesis, L’Art dentaire en médecine légale («El arte dental en la medicina legal»), un tratado de más de 600 páginas. Hoy se le considera el padre de la odontología forense.

Por qué los dientes resisten

El esmalte es el tejido más duro del cuerpo humano. Los dientes soportan el fuego, el agua y el paso del tiempo mejor que casi cualquier otra parte del cuerpo. Además, cada boca es distinta: la combinación de dientes ausentes, empastes, coronas, endodoncias y la forma de las raíces forma algo parecido a una huella.

La identificación consiste en comparar dos cosas: lo que se observa en los restos y lo que dice el expediente de la persona en vida, sobre todo sus radiografías. Cuantas más coincidencias y ninguna contradicción inexplicable, más sólida es la identificación.

Tailandia, 2004

El tsunami del Océano Índico mostró la fuerza del método. En Tailandia, entre las víctimas identificadas en los primeros meses, la comparación dental fue la principal vía de identificación en el 79 % de los casos y contribuyó en otro 8 %. Entre las víctimas suecas, de 543 fueron identificadas 528, y en la mayoría los dientes fueron decisivos.

El giro: los dientes solo hablan si alguien guardó su historia

Hay un detalle menos conocido de aquel tsunami. La mayoría de las víctimas extranjeras se identificaron por sus dientes, pero muchas víctimas tailandesas se identificaron por sus huellas dactilares. Una razón importante fue la disponibilidad de registros previos: muchos turistas tenían expedientes dentales detallados en sus países, algo menos frecuente entre la población local.

Es la clave de toda la disciplina. Un diente puede resistir cientos de años, pero sin un registro con el cual compararlo no puede decir a quién perteneció. La odontología forense no adivina nombres: los confirma o los descarta.

Lo que no hace la odontología forense

Conviene no confundir la identificación por registros dentales, que es confiable cuando hay buenos expedientes, con el análisis de marcas de mordida en la piel, cuya base científica ha sido seriamente cuestionada. Son procedimientos distintos aunque compartan la palabra «dental».

Lo que se sabe y lo que sigue en discusión

Documentado:

  • Paul Revere identificó a Joseph Warren por un puente dental que él había hecho.
  • Las víctimas del Bazar de la Caridad se identificaron en parte por sus registros dentales, y en 1898 Óscar Amoëdo publicó el primer tratado de la disciplina.
  • En el tsunami de 2004, los dientes fueron decisivos para identificar a la mayoría de las víctimas extranjeras en Tailandia.

Con límites:

  • Sin expedientes previos, la comparación dental pierde gran parte de su valor.
  • La identificación se apoya en conjunto con otras pruebas, como el ADN y las huellas.

Tu expediente también cuenta

Cerca del Día de Muertos, esta historia recuerda que detrás de cada identificación hay una persona y una familia que espera respuestas. Y deja un dato práctico: las radiografías y notas que guarda tu dentista no solo sirven para tu tratamiento. Si cambias de consultorio, pide una copia de tu expediente; si vives entre Tijuana y San Diego, conviene que tus registros estén completos en un solo lugar.

Dos siglos y medio después del puente de Paul Revere, el principio no ha cambiado: una boca bien documentada puede devolverle el nombre a una persona.

Fuentes consultadas

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