
¿De dónde salen las caries? Cómo se forma una enfermedad que sí se puede detener
Las caries no aparecen de un día para otro ni son solo cuestión de “dientes débiles”. Qué las causa, por qué importa la frecuencia del azúcar y qué hace el flúor.
La caries dental es una enfermedad causada por el ácido que producen ciertas bacterias de la placa cuando consumen azúcares. No aparece de un día para otro: es un proceso lento en el que el diente pierde y recupera minerales muchas veces al día. Cuando las pérdidas ganan la partida durante meses, se forma la lesión. Entender ese proceso es la mejor herramienta para prevenirla y, en etapas tempranas, detenerla.
Imagina esta escena hipotética: Lucía tiene 38 años y siempre presumió de no tener caries. Hace dos años empezó a trabajar desde casa. Desde entonces, el café con azúcar la acompaña toda la mañana, a pequeños sorbos, y por la tarde siempre hay galletas cerca del teclado. En su revisión anual le detectan tres caries nuevas. “Pero si no como más dulce que antes”, dice sorprendida. Puede que tenga razón en la cantidad. Lo que cambió fue la frecuencia.
Una enfermedad muy común… y muy prevenible
La caries es una de las enfermedades más frecuentes del mundo. Un análisis global estimó que la caries no tratada en dientes permanentes era la condición de salud más prevalente del planeta en 2010, con unos 2,400 millones de personas afectadas, y que más de 600 millones de niños tenían caries sin tratar en sus dientes de leche (Kassebaum et al., 2015). Las enfermedades bucales, en conjunto, se consideran un desafío de salud pública mundial que comparte factores de riesgo con otras enfermedades crónicas, como el consumo elevado de azúcar (Peres et al., 2019).
Los protagonistas: bacterias, azúcar y tiempo
Durante mucho tiempo se pensó que la caries era una infección causada por una sola bacteria. Hoy se entiende de otro modo. La placa dental es una biopelícula, una comunidad organizada de cientos de especies de microorganismos que viven pegados al diente. En una boca sana, esa comunidad está en equilibrio. El problema surge cuando el ambiente cambia: si la placa recibe azúcar con mucha frecuencia, el pH baja una y otra vez, y eso favorece a las bacterias que producen ácido y toleran bien la acidez (Marsh, 2006).
Este enfoque, llamado hipótesis ecológica, describe la caries como un desequilibrio que avanza por etapas: primero una placa estable, luego una fase en la que predominan bacterias productoras de ácido y, finalmente, una fase en la que se imponen las que resisten mejor la acidez (Takahashi y Nyvad, 2011). Por eso, más que “matar bacterias”, la prevención busca cambiar las condiciones que favorecen ese desequilibrio.
El consenso actual resume la caries como una enfermedad mediada por la biopelícula, impulsada por el azúcar, multifactorial y dinámica, en la que se alternan fases de pérdida y recuperación de minerales (Pitts et al., 2017).
Un tira y afloja que ocurre todos los días
Cada vez que comes o bebes algo con azúcar, las bacterias lo transforman en ácido y el esmalte empieza a perder minerales. Después de un rato, la saliva neutraliza el ácido y aporta calcio y fosfato que ayudan a reparar esas pérdidas. Este vaivén de desmineralización y remineralización ocurre muchas veces al día. La caries es, en esencia, el resultado de un desequilibrio: cuando los factores que dañan (bacterias, azúcares frecuentes, poca saliva) superan a los que protegen (saliva, flúor, una dieta adecuada), el diente pierde la batalla poco a poco (Featherstone, 2008).
Aquí está la clave del caso de Lucía. Un postre después de la comida provoca un solo descenso del pH. En cambio, un café azucarado bebido a sorbos durante tres horas mantiene el ambiente ácido casi todo el tiempo, sin dar a la saliva la oportunidad de reparar el esmalte.
El papel decisivo de los azúcares libres
Los azúcares libres son los que se añaden a alimentos y bebidas, además de los presentes en la miel, los jarabes y los jugos de fruta. Una revisión sistemática que sirvió de base para las recomendaciones de la Organización Mundial de la Salud encontró que la caries es menor cuando el consumo de azúcares libres se mantiene por debajo del 10% de la energía diaria, y que podría haber beneficios adicionales por debajo del 5% (Moynihan y Kelly, 2014).
Algunos investigadores van más allá y señalan que los azúcares libres son el factor necesario para que exista caries: sin ellos, la enfermedad prácticamente no se desarrolla. También advierten que el flúor reduce el daño, pero no lo elimina si el consumo de azúcar sigue siendo alto (Sheiham y James, 2015).
Qué hace realmente el flúor
El flúor no vuelve el diente indestructible, pero inclina la balanza a favor de la reparación: ayuda a que los minerales perdidos se recuperen y hace que el esmalte resista mejor el ácido (Featherstone, 2008). La pasta dental con flúor es una de las medidas preventivas con mejor evidencia. Una revisión Cochrane encontró que, en niños y adolescentes, su uso reduce de manera clara la aparición de nuevas caries en comparación con no usarla (Marinho et al., 2003). Otra revisión mostró que la concentración importa: las pastas con al menos 1,000 partes por millón de flúor son más eficaces que las de concentraciones bajas (Walsh et al., 2019). Para los niños pequeños, la cantidad de pasta debe ajustarse a la edad según la indicación profesional.
De la mancha blanca al agujero
Antes de que exista una cavidad, la caries suele verse como una mancha blanca y opaca en el esmalte. En esa etapa la superficie todavía está intacta y la lesión puede detenerse, e incluso endurecerse, si se mejora la higiene, se reduce la frecuencia de azúcar y se usa flúor (Selwitz et al., 2007). Si el proceso continúa, el esmalte se rompe, la lesión llega a la dentina, que es más blanda, y avanza más rápido. En ese punto suele hacer falta una restauración.
Una idea importante que ha cambiado la odontología: la obturación repara el daño, pero no cura la enfermedad. Si las condiciones que causaron la caries siguen igual, pueden aparecer nuevas lesiones alrededor del empaste o en otros dientes. Por eso los especialistas proponen tratar la caries como un proceso que hay que controlar, no solo como agujeros que hay que llenar (Fejerskov, 2004).
Medidas prácticas con respaldo
- Cuida la frecuencia, no solo la cantidad. Agrupa los alimentos dulces en las comidas y evita picar o beber sorbos azucarados a lo largo del día.
- Cepíllate dos veces al día con pasta con flúor. Escupe el exceso sin enjuagar abundantemente, para que el flúor permanezca más tiempo.
- Prefiere agua entre comidas. Los refrescos, jugos y bebidas energéticas aportan azúcar y ácido al mismo tiempo.
- Presta atención a la saliva. Si sientes la boca seca con frecuencia, coméntalo en tu consulta: la saliva es una de tus principales defensas.
- Acude a revisiones. Detectar una mancha blanca a tiempo permite actuar antes de que haga falta una restauración.
Preguntas frecuentes
¿Las caries se heredan? Los genes pueden influir en aspectos como la forma de los dientes o la saliva, pero los hábitos de alimentación, la higiene y el flúor tienen un peso enorme. Las familias suelen compartir costumbres, y eso explica buena parte de lo que parece hereditario.
¿Los alimentos “sin azúcar” son seguros? Los productos endulzados con edulcorantes no fermentables no alimentan a las bacterias del mismo modo, pero algunos siguen siendo ácidos, como ciertos refrescos, y pueden desgastar el esmalte por otro mecanismo.
¿Una caries puede desaparecer sola? Una lesión inicial sin cavidad puede detenerse y remineralizarse. Una cavidad ya formada no se cierra por sí sola.
El final de la historia
En nuestro caso hipotético, Lucía no tuvo que dejar el café. Su odontóloga le sugirió tomarlo sin azúcar o en un solo momento, cambiar las galletas de media tarde por alternativas sin azúcar y usar una pasta con flúor adecuada. Además de tratar las lesiones que ya tenían cavidad, se vigilaron dos manchas blancas que, un año después, seguían estables. La historia de Lucía ilustra la idea central: la caries no es mala suerte, es un proceso. Y los procesos se pueden cambiar.
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Referencias
Featherstone, J. D. B. (2008). Dental caries: A dynamic disease process. Australian Dental Journal, 53(3), 286–291. https://doi.org/10.1111/j.1834-7819.2008.00064.x
Fejerskov, O. (2004). Changing paradigms in concepts on dental caries: Consequences for oral health care. Caries Research, 38(3), 182–191. https://doi.org/10.1159/000077753
Kassebaum, N. J., Bernabé, E., Dahiya, M., Bhandari, B., Murray, C. J. L., & Marcenes, W. (2015). Global burden of untreated caries: A systematic review and metaregression. Journal of Dental Research, 94(5), 650–658. https://doi.org/10.1177/0022034515573272
Marinho, V. C. C., Higgins, J., Logan, S., & Sheiham, A. (2003). Fluoride toothpastes for preventing dental caries in children and adolescents. Cochrane Database of Systematic Reviews, 2003(1), Article CD002278. https://doi.org/10.1002/14651858.cd002278
Marsh, P. D. (2006). Dental plaque as a biofilm and a microbial community – implications for health and disease. BMC Oral Health, 6(Suppl 1), Article S14. https://doi.org/10.1186/1472-6831-6-s1-s14
Moynihan, P. J., & Kelly, S. A. M. (2014). Effect on caries of restricting sugars intake: Systematic review to inform WHO guidelines. Journal of Dental Research, 93(1), 8–18. https://doi.org/10.1177/0022034513508954
Peres, M. A., Macpherson, L. M. D., Weyant, R. J., Daly, B., Venturelli, R., Mathur, M. R., Listl, S., Celeste, R. K., Guarnizo-Herreño, C. C., Kearns, C., Benzian, H., Allison, P., & Watt, R. G. (2019). Oral diseases: A global public health challenge. The Lancet, 394(10194), 249–260. https://doi.org/10.1016/s0140-6736(19)31146-8
Pitts, N. B., Zero, D. T., Marsh, P. D., Ekstrand, K., Weintraub, J. A., Ramos-Gomez, F., Tagami, J., Twetman, S., Tsakos, G., & Ismail, A. (2017). Dental caries. Nature Reviews Disease Primers, 3, Article 17030. https://doi.org/10.1038/nrdp.2017.30
Selwitz, R. H., Ismail, A. I., & Pitts, N. B. (2007). Dental caries. The Lancet, 369(9555), 51–59. https://doi.org/10.1016/s0140-6736(07)60031-2
Sheiham, A., & James, W. P. T. (2015). Diet and dental caries: The pivotal role of free sugars reemphasized. Journal of Dental Research, 94(10), 1341–1347. https://doi.org/10.1177/0022034515590377
Takahashi, N., & Nyvad, B. (2011). The role of bacteria in the caries process: Ecological perspectives. Journal of Dental Research, 90(3), 294–303. https://doi.org/10.1177/0022034510379602
Walsh, T., Worthington, H. V., Glenny, A.-M., Marinho, V. C. C., & Jeroncic, A. (2019). Fluoride toothpastes of different concentrations for preventing dental caries. Cochrane Database of Systematic Reviews, 2019(3), Article CD007868. https://doi.org/10.1002/14651858.cd007868.pub3
Imagen principal: SoyBreno / Unsplash. Las fotografías son imágenes de stock ilustrativas: no muestran pacientes, casos ni resultados de The Special Teeth.
Información educativa. La valoración profesional determina el diagnóstico y las opciones apropiadas para cada persona.



