Marcas de mordida: la prueba «infalible» que la ciencia desmintió

El juicio de Ted Bundy hizo famosas las marcas de mordida como prueba. Dos décadas después, el ADN liberó a Ray Krone y en 2023 el NIST concluyó que la técnica carece de base científica.

En el verano de 1979, en un tribunal de Miami, un dentista se puso de pie frente al jurado con un tablero. Tenía la fotografía ampliada de una mordida en la piel de una víctima. Encima colocó una lámina transparente con la forma de los dientes del acusado y dijo que coincidían.

El acusado era Ted Bundy. Fue declarado culpable, y aquel juicio televisado convirtió a las marcas de mordida en una prueba con fama de infalible. Durante las dos décadas siguientes, esa fama llevó a prisión a personas inocentes.

Estatua de la justicia sosteniendo una balanza y una espada
Foto: Iryna Limborska en Unsplash.

Una mordida como huella digital

El 15 de enero de 1978, dos estudiantes de la Universidad Estatal de Florida fueron asesinadas en su casa de fraternidad. Una de ellas, Lisa Levy, tenía una doble marca de mordida. En el juicio, el odontólogo forense Richard Souviron testificó, con lo que llamó un grado razonable de certeza, que los dientes de Bundy correspondían a esa marca.

La idea detrás era sencilla y atractiva: cada dentadura sería única, como una huella digital, y la piel conservaría esa forma con suficiente detalle para compararla. Si ambas cosas eran ciertas, una mordida podía señalar a una persona.

Incluso en ese juicio hubo una advertencia. La defensa logró que Souviron reconociera que el análisis de mordidas era en parte arte y en parte ciencia, y que su conclusión era una opinión. Había además otras pruebas contra Bundy, pero el caso dio prestigio a la técnica.

El giro: el asesino de los dientes chuecos

El 29 de diciembre de 1991, una mujer de 36 años fue encontrada muerta en el baño de un bar de Phoenix, Arizona, donde trabajaba. Tenía mordidas en el pecho y en el cuello. La prensa local llamó al caso el del «asesino de los dientes chuecos» (Snaggletooth killer).

La policía tomó una impresión de los dientes de Ray Krone, un cliente del bar, en un bloque de unicel. Peritos de la fiscalía declararon que coincidía con las mordidas. En 1992, Krone fue condenado a muerte. Ganó un nuevo juicio en apelación, y en 1996 lo volvieron a condenar, otra vez sobre todo por la evidencia de la mordida. El juez le impuso cadena perpetua porque tenía dudas de que fuera el verdadero asesino.

En 2002, una prueba de ADN de la saliva y la sangre encontradas en la víctima excluyó a Krone. El perfil coincidió con el de Kenneth Phillips, que vivía cerca del bar, ya estaba preso por otro delito sexual y nunca había sido considerado sospechoso. Krone salió libre el 8 de abril de 2002, después de más de diez años en prisión, parte de ellos en el corredor de la muerte.

Modelo de un diente junto a un cepillo dental
Foto: Ozkan Guner en Unsplash.

No fue el único

En 2007, el Innocence Project reunió ocho casos en los que el ADN demostró que el análisis de mordidas había contribuido a arrestos o condenas equivocadas, entre ellos los de Willie Jackson en Luisiana, Calvin Washington en Texas y Dan Young en Illinois. En 2009, un informe de la Academia Nacional de Ciencias de Estados Unidos concluyó que la técnica carecía de validez científica suficiente.

El veredicto del NIST

En marzo de 2023, el Instituto Nacional de Estándares y Tecnología de Estados Unidos (NIST) publicó una revisión de la base científica del análisis de mordidas. Su conclusión fue directa: las tres premisas clave de la disciplina no están respaldadas por los datos.

  • Unicidad: no se ha demostrado que el patrón de los dientes anteriores sea único para cada persona.
  • Transferencia: la piel es elástica, se mueve y se deforma, así que no registra la mordida con fidelidad.
  • Análisis: no se ha demostrado que los examinadores puedan comparar esas marcas con precisión para excluir o no excluir a alguien.

La revisión añadió otro problema: los propios expertos no siempre coinciden en si una lesión es una mordida, qué rasgos tiene o a quién se puede descartar.

Lo que se sabe y lo que sigue en discusión

Documentado:

  • El testimonio sobre la mordida fue parte del juicio de Bundy en 1979.
  • Ray Krone fue condenado dos veces por evidencia de mordida y exonerado por ADN en 2002.
  • En 2023, el NIST concluyó que el análisis de mordidas carece de base científica suficiente.

En discusión:

  • Si esta evidencia debe admitirse en los tribunales. Algunos odontólogos forenses defienden que puede servir para descartar sospechosos o para recolectar ADN de la saliva, aunque no para identificar a alguien.
  • Cuántas condenas más pudieron basarse en esta técnica: muchos casos antiguos no conservan pruebas para hacer análisis de ADN.

Identificar no es lo mismo que comparar mordidas

Que las mordidas en la piel no sean confiables no significa que los dientes no sirvan en la investigación forense. Comparar los dientes de un cuerpo con las radiografías y el expediente dental de una persona desaparecida es otra cosa: ahí se comparan tejidos duros que se conservan, con registros hechos en vida. Es uno de los métodos de identificación más usados en desastres. Lo contamos en Los dientes también cuentan quiénes fuimos.

Por eso tu expediente dental, con radiografías y anotaciones de cada tratamiento, tiene un valor que va más allá de la consulta.

Fuentes consultadas

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