Gingivitis: por qué sangran tus encías y cómo revertirlo a tiempo

El sangrado al cepillarte no es normal. Qué es la gingivitis, por qué aparece, qué dice la evidencia sobre cepillos, hilo y enjuagues, y cuándo pedir una valoración.

La gingivitis es la inflamación de las encías causada, en la mayoría de los casos, por la placa bacteriana que se acumula en el borde de los dientes. Su señal más común es el sangrado al cepillarse o al usar hilo dental. La buena noticia es que, a diferencia de otras enfermedades de las encías, la gingivitis es reversible: con una limpieza adecuada, los tejidos pueden volver a la normalidad.

Imagina esta escena hipotética: Diego tiene 31 años, trabaja muchas horas frente a la computadora y se cepilla rápido, casi siempre medio dormido. Desde hace semanas ve un tono rosado en la espuma cuando escupe. Piensa que se cepilla con demasiada fuerza y decide hacerlo con más suavidad… y con menos frecuencia en la zona que sangra. Sin saberlo, está haciendo justo lo contrario de lo que sus encías necesitan.

Un experimento que cambió la odontología

En 1965, un grupo de investigadores pidió a estudiantes de odontología con encías sanas que dejaran de cepillarse y de limpiar entre sus dientes. En pocos días la placa empezó a acumularse y, en un plazo aproximado de una a tres semanas, todos desarrollaron gingivitis. Cuando retomaron la higiene, las encías volvieron a estar sanas en cuestión de días (Löe et al., 1965). Este estudio, conocido como el modelo de gingivitis experimental, demostró algo que hoy parece obvio: la placa bacteriana es la causa directa de la inflamación de las encías, y retirarla la revierte.

¿Qué es exactamente la gingivitis?

Es una respuesta inflamatoria del cuerpo frente a las bacterias que viven en la placa. Los vasos sanguíneos de la encía se dilatan, llegan más células de defensa y el tejido se vuelve más rojo, inflamado y frágil. Por eso sangra con facilidad. Es importante diferenciarla de la periodontitis: en la gingivitis no hay pérdida del hueso ni de las fibras que sostienen el diente, mientras que en la periodontitis sí la hay y ese daño no se recupera por completo (Kinane et al., 2017).

En 2017, un taller internacional de expertos actualizó la clasificación de las enfermedades periodontales. Por primera vez se definió con números qué es una encía sana: aquella en la que sangran menos del 10% de los puntos que el dentista revisa con una sonda delicada. Si sangra el 10% o más, se habla de gingivitis; entre el 10% y el 30% se considera localizada y por encima del 30%, generalizada (Chapple et al., 2018). El sangrado al sondaje se eligió como el criterio principal porque es una medida sencilla, objetiva y repetible (Trombelli et al., 2018).

Señales que no conviene ignorar

  • Sangrado al cepillarte, al usar hilo o incluso al morder una manzana.
  • Encías rojas, brillantes o inflamadas, en lugar de rosa pálido y firmes.
  • Mal aliento persistente.
  • Sensación de encías sensibles o molestas al tacto.

Un detalle importante: en las personas que fuman, la gingivitis puede sangrar menos y pasar desapercibida, porque el tabaco reduce el flujo de sangre en la encía. La ausencia de sangrado no siempre significa salud.

¿Por qué a algunas personas les afecta más?

La placa es la causa, pero el terreno importa. El consenso internacional reconoce factores que modifican la respuesta de la encía: los cambios hormonales de la pubertad, el embarazo o algunos anticonceptivos; los niveles altos de azúcar en sangre en la diabetes mal controlada; ciertos medicamentos que pueden provocar agrandamiento de las encías; la boca seca; y factores locales como restauraciones mal ajustadas o dientes apiñados que dificultan la limpieza (Murakami et al., 2018). En esos casos, la misma cantidad de placa puede producir una inflamación mayor.

¿Por qué importa si “solo” sangra?

Porque la gingivitis es la antesala de la periodontitis. No todas las gingivitis avanzan, pero prácticamente todas las periodontitis empezaron como una gingivitis. Un estudio que siguió durante 26 años a hombres noruegos encontró que los sitios que sangraban de manera constante tenían mucha más pérdida de inserción y un mayor riesgo de perder dientes que los sitios sanos (Lang et al., 2009). Por eso los expertos europeos consideran que controlar la gingivitis es la principal estrategia para prevenir la periodontitis (Chapple et al., 2015).

Lo que dice la evidencia sobre la higiene en casa

El error de Diego es muy común: cuando una zona sangra, se tiende a limpiarla menos. Pero el sangrado es una señal de que ahí hay placa, no de que haya que dejarla en paz. Estas son las medidas con mejor respaldo:

Cepillado bien hecho

Dos veces al día, durante unos dos minutos, con pasta con flúor y prestando atención al borde donde el diente se une con la encía. Las revisiones muestran que, incluso con buena intención, muchas personas retiran solo una parte de la placa al cepillarse, sobre todo entre los dientes (Van der Weijden y Slot, 2011). Una revisión Cochrane encontró que los cepillos eléctricos reducen la placa y la gingivitis un poco más que los manuales, tanto a corto como a largo plazo (Yaacob et al., 2014). Aun así, el mejor cepillo es el que se usa bien y con constancia.

Limpieza entre los dientes

El cepillo no llega bien a los espacios entre los dientes, justo donde suele empezar la gingivitis. Una revisión Cochrane concluyó que añadir hilo dental al cepillado reduce la gingivitis en comparación con cepillarse solo (Sambunjak et al., 2011). Otra revisión más reciente, que comparó varios dispositivos, encontró que los cepillos interdentales parecen ser de los más eficaces para reducir la inflamación, aunque la certeza de la evidencia es baja (Worthington et al., 2019). En la práctica, la elección depende del tamaño de los espacios: el hilo funciona en espacios cerrados y los cepillos interdentales en espacios más amplios.

Enjuagues: un apoyo, no un sustituto

Algunos enjuagues pueden ayudar como complemento. La clorhexidina, por ejemplo, reduce la placa y la gingivitis cuando se suma al cepillado, pero su uso prolongado suele manchar los dientes y puede alterar el gusto, por lo que generalmente se indica por periodos cortos y bajo supervisión profesional (James et al., 2017). Ningún enjuague reemplaza la remoción mecánica de la placa.

¿Qué hace el dentista?

Una valoración incluye revisar cuánto sangran las encías, medir la profundidad del surco alrededor de cada diente y, si hace falta, tomar radiografías para descartar pérdida de hueso. Después suele realizarse una limpieza profesional para retirar la placa y el sarro, que es placa endurecida que ya no sale con el cepillo. Pero la parte más importante del tratamiento ocurre en casa: aprender a limpiar las zonas que se escapan y mantener ese hábito (Chapple et al., 2015).

Preguntas frecuentes

¿Es normal que sangren las encías si llevo días sin usar hilo? Es frecuente, pero no es normal. Si retomas la limpieza con cuidado y constancia, el sangrado suele disminuir en una o dos semanas, como ocurrió en el experimento clásico (Löe et al., 1965). Si no mejora, conviene una revisión.

¿La gingivitis se contagia? Las bacterias de la boca se comparten, pero la gingivitis depende sobre todo de la placa que se acumula en tus propios dientes y de cómo responde tu organismo.

¿Puedo tener gingivitis sin dolor? Sí. De hecho, suele ser indolora, y por eso muchas personas la ignoran.

El final de la historia

En nuestro caso hipotético, Diego decidió por fin pedir una valoración. Le explicaron que su sangrado no venía de cepillarse con fuerza, sino de la placa acumulada en los espacios entre sus muelas. Tras una limpieza profesional y dos semanas usando cepillos interdentales cada noche, la espuma dejó de salir rosada. Su experiencia resume el mensaje central: el sangrado de encías es una señal temprana y reversible. Escucharla a tiempo es mucho más sencillo que tratar lo que puede venir después.

Si quieres que lo revise un profesional

Conoce más sobre la limpieza y prevención en The Special Teeth. Si vienes de Estados Unidos, nuestra guía para planear tu visita a Tijuana te ayuda con el cruce y los traslados. Cuando quieras, puedes solicitar una valoración.

Referencias

Chapple, I. L. C., Mealey, B. L., Van Dyke, T. E., Bartold, P. M., Dommisch, H., Eickholz, P., Geisinger, M. L., Genco, R. J., Glogauer, M., Goldstein, M., Griffin, T. J., Holmstrup, P., Johnson, G. K., Kapila, Y., Lang, N. P., Meyle, J., Murakami, S., Plemons, J., Romito, G. A., . . . Yoshie, H. (2018). Periodontal health and gingival diseases and conditions on an intact and a reduced periodontium: Consensus report of workgroup 1 of the 2017 World Workshop on the Classification of Periodontal and Peri-Implant Diseases and Conditions. Journal of Periodontology, 89(S1), S74–S84. https://doi.org/10.1002/jper.17-0719

Chapple, I. L. C., Van der Weijden, F., Doerfer, C., Herrera, D., Shapira, L., Polak, D., Madianos, P., Louropoulou, A., Machtei, E., Donos, N., Greenwell, H., Van Winkelhoff, A. J., Eren Kuru, B., Arweiler, N., Teughels, W., Aimetti, M., Molina, A., Montero, E., & Graziani, F. (2015). Primary prevention of periodontitis: Managing gingivitis. Journal of Clinical Periodontology, 42(S16), S71–S76. https://doi.org/10.1111/jcpe.12366

James, P., Worthington, H. V., Parnell, C., Harding, M., Lamont, T., Cheung, A., Whelton, H., & Riley, P. (2017). Chlorhexidine mouthrinse as an adjunctive treatment for gingival health. Cochrane Database of Systematic Reviews, 2017(3), Article CD008676. https://doi.org/10.1002/14651858.cd008676.pub2

Kinane, D. F., Stathopoulou, P. G., & Papapanou, P. N. (2017). Periodontal diseases. Nature Reviews Disease Primers, 3, Article 17038. https://doi.org/10.1038/nrdp.2017.38

Lang, N. P., Schätzle, M. A., & Löe, H. (2009). Gingivitis as a risk factor in periodontal disease. Journal of Clinical Periodontology, 36(s10), 3–8. https://doi.org/10.1111/j.1600-051x.2009.01415.x

Löe, H., Theilade, E., & Jensen, S. B. (1965). Experimental gingivitis in man. The Journal of Periodontology, 36(3), 177–187. https://doi.org/10.1902/jop.1965.36.3.177

Murakami, S., Mealey, B. L., Mariotti, A., & Chapple, I. L. C. (2018). Dental plaque–induced gingival conditions. Journal of Periodontology, 89(S1), S17–S27. https://doi.org/10.1002/jper.17-0095

Sambunjak, D., Nickerson, J. W., Poklepovic, T., Johnson, T. M., Imai, P., Tugwell, P., & Worthington, H. V. (2011). Flossing for the management of periodontal diseases and dental caries in adults. Cochrane Database of Systematic Reviews, 2011(12), Article CD008829. https://doi.org/10.1002/14651858.cd008829.pub2

Trombelli, L., Farina, R., Silva, C. O., & Tatakis, D. N. (2018). Plaque-induced gingivitis: Case definition and diagnostic considerations. Journal of Clinical Periodontology, 45(S20), S44–S67. https://doi.org/10.1111/jcpe.12939

Van der Weijden, F., & Slot, D. E. (2011). Oral hygiene in the prevention of periodontal diseases: The evidence. Periodontology 2000, 55(1), 104–123. https://doi.org/10.1111/j.1600-0757.2009.00337.x

Worthington, H. V., MacDonald, L., Poklepovic Pericic, T., Sambunjak, D., Johnson, T. M., Imai, P., & Clarkson, J. E. (2019). Home use of interdental cleaning devices, in addition to toothbrushing, for preventing and controlling periodontal diseases and dental caries. Cochrane Database of Systematic Reviews, 2019(4), Article CD012018. https://doi.org/10.1002/14651858.cd012018.pub2

Yaacob, M., Worthington, H. V., Deacon, S. A., Deery, C., Walmsley, A. D., Robinson, P. G., & Glenny, A.-M. (2014). Powered versus manual toothbrushing for oral health. Cochrane Database of Systematic Reviews, 2014(6), Article CD002281. https://doi.org/10.1002/14651858.cd002281.pub3

Imagen principal: Diana Polekhina / Unsplash. Las fotografías son imágenes de stock ilustrativas: no muestran pacientes, casos ni resultados de The Special Teeth.

Información educativa. La valoración profesional determina el diagnóstico y las opciones apropiadas para cada persona.

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