
Resinas o amalgamas: ¿debes cambiar tus empastes plateados? Lo que dice la evidencia
Tus empastes plateados llevan años ahí y en redes dicen que el mercurio es peligroso. Qué dicen los estudios sobre duración, seguridad y cuándo sí conviene reemplazarlos.
Las amalgamas, los empastes plateados, se han usado durante más de un siglo para reparar caries en muelas. Las resinas, del color del diente, se han vuelto la opción más común en muchos países. Ambas pueden funcionar bien, pero tienen diferencias en duración, técnica y estética. Y una pregunta frecuente es si conviene reemplazar las amalgamas que ya se tienen.
Imagina esta escena hipotética: Gabriela tiene 42 años y tres empastes plateados que le pusieron cuando era adolescente. Nunca le han dado problemas, pero vio varios videos que hablan del mercurio y ahora quiere cambiarlos todos por resinas “para desintoxicarse”. En la consulta, su dentista revisa cada empaste y le hace una pregunta: “¿Quieres cambiarlos por estética, porque tienen algún problema o por miedo?”. La respuesta cambia la recomendación.
¿Qué son y en qué se diferencian?
La amalgama es una mezcla de mercurio con una aleación de plata, estaño y cobre. Al endurecerse, forma un material resistente que se coloca en una cavidad con forma retentiva. Las resinas compuestas, en cambio, están hechas de una matriz plástica con partículas de relleno; se adhieren al diente mediante un sistema adhesivo y se endurecen con luz. Con los años, las resinas han mejorado mucho en resistencia al desgaste y en manejo, aunque siguen siendo más sensibles a la técnica, por ejemplo a la humedad durante su colocación (Ferracane, 2011).
¿Cuál dura más?
Esta es la pregunta más estudiada. Una revisión Cochrane comparó restauraciones de resina y de amalgama en dientes posteriores y encontró que las resinas tenían un mayor riesgo de fallar y de presentar caries alrededor del empaste, aunque con evidencia de baja certeza (Rasines Alcaraz et al., 2014). Su actualización más reciente llegó a una conclusión similar: las resinas podrían fallar con más frecuencia que las amalgamas, sobre todo por caries secundaria (Worthington et al., 2021).
Un ensayo clínico en niños que siguió los empastes durante varios años encontró que las amalgamas tenían una supervivencia mayor que las resinas, y que la principal causa de fracaso en estas últimas era la caries alrededor de la restauración (Bernardo et al., 2007).
Sin embargo, eso no significa que las resinas sean una mala opción. Un metaanálisis de estudios a largo plazo encontró que las resinas en dientes posteriores tienen tasas de fracaso anuales bajas y una buena longevidad, aunque estas aumentan en personas con alto riesgo de caries (Opdam et al., 2014). Una revisión sistemática en adultos también encontró una longevidad aceptable de las resinas posteriores (Ástvaldsdóttir et al., 2015), y un metaanálisis actualizado confirmó su buen desempeño clínico en general (Heintze et al., 2022).
La duración depende de más que el material
Los especialistas insisten en que la longevidad de un empaste depende no solo del material, sino también del paciente y de quien lo coloca: el riesgo de caries, el bruxismo, el tamaño de la restauración y la técnica influyen tanto como el material elegido (Demarco et al., 2012). De hecho, un estudio sobre los motivos para reemplazar restauraciones encontró que la caries secundaria es la causa más frecuente tanto en amalgamas como en resinas (Mjör et al., 2000). Por eso, controlar la caries es tan importante como elegir el material. Las revisiones periódicas permiten detectar problemas pequeños a tiempo y reparar un empaste en lugar de reemplazarlo por completo.
¿Y el mercurio? ¿Son peligrosas las amalgamas?
Es la preocupación de Gabriela y de muchas personas. Dos ensayos clínicos publicados en la misma edición de una revista médica de referencia evaluaron a niños que recibieron amalgamas o resinas y los siguieron durante varios años. Ninguno encontró efectos adversos de las amalgamas en el desarrollo neurológico, en la memoria, en la atención ni en la función renal (DeRouen et al., 2006; Bellinger et al., 2006).
Entonces, ¿por qué se está reduciendo su uso? Principalmente por razones ambientales. El Convenio de Minamata, un acuerdo internacional para reducir el mercurio en el medio ambiente, incluye la disminución progresiva del uso de amalgama dental, junto con medidas de prevención de la caries y el manejo adecuado de los residuos (Fisher et al., 2018). Es decir, la reducción se relaciona sobre todo con el impacto del mercurio en el ambiente, no con una evidencia de daño en quienes ya tienen amalgamas en buen estado.
¿Debo cambiar mis amalgamas?
Si una amalgama está en buen estado, sin fracturas, sin caries alrededor y sin causar molestias, no suele haber una razón de salud para retirarla. De hecho, retirar una restauración sana implica desgastar más diente y, durante el procedimiento, puede liberarse más vapor de mercurio que si se deja en su lugar.
Sí conviene considerar el cambio cuando:
- Hay caries nueva alrededor del empaste.
- El empaste o el diente están fracturados.
- Existe sensibilidad o dolor relacionados con la restauración.
- Hay una alergia confirmada a alguno de sus componentes, algo poco frecuente.
- La persona lo desea por motivos estéticos, entendiendo los pros y los contras.
¿Cuándo es mejor cada opción?
- Resinas: conservan más estructura del diente, se adhieren a él, son estéticas y son la opción más usada hoy. Requieren una técnica cuidadosa y un buen control de la humedad.
- Amalgamas: son resistentes y menos sensibles a la técnica, por lo que pueden ser útiles en cavidades grandes de difícil acceso o en personas con alto riesgo de caries, según el criterio profesional y la regulación de cada país.
- Otras opciones: para restauraciones muy grandes, pueden indicarse incrustaciones o coronas.
Preguntas frecuentes
¿Las resinas se manchan? Pueden pigmentarse un poco con los años, sobre todo en los bordes, y a veces se pulen o se reparan.
¿Es cierto que las amalgamas “intoxican”? Los estudios en niños no encontraron efectos adversos neurológicos ni renales. Retirar amalgamas sanas para “desintoxicarse” no tiene respaldo científico.
¿Cuánto dura un empaste? Depende del tamaño, del material, de la técnica y, sobre todo, del riesgo de caries y de los hábitos de cada persona. Muchos duran más de una década.
El final de la historia
En nuestro caso hipotético, el dentista revisó los tres empastes de Gabriela. Dos estaban en buen estado y uno tenía una pequeña caries en el borde. Le explicó lo que dicen los estudios sobre el mercurio y la longevidad de los materiales. Gabriela decidió reemplazar solo el empaste con caries por una resina y mantener los otros dos en vigilancia. Se fue tranquila, con una decisión basada en información y no en el miedo. Su historia muestra que la mejor restauración no siempre es la más nueva, sino la que se elige por las razones correctas.
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Referencias
Ástvaldsdóttir, Á., Dagerhamn, J., van Dijken, J. W. V., Naimi-Akbar, A., Sandborgh-Englund, G., Tranæus, S., & Nilsson, M. (2015). Longevity of posterior resin composite restorations in adults – A systematic review. Journal of Dentistry, 43(8), 934–954. https://doi.org/10.1016/j.jdent.2015.05.001
Bellinger, D. C., Trachtenberg, F., Barregard, L., Tavares, M., Cernichiari, E., Daniel, D., & McKinlay, S. (2006). Neuropsychological and renal effects of dental amalgam in children: A randomized clinical trial. JAMA, 295(15), 1775–1783. https://doi.org/10.1001/jama.295.15.1775
Bernardo, M., Luis, H., Martin, M. D., Leroux, B. G., Rue, T., Leitão, J., & DeRouen, T. A. (2007). Survival and reasons for failure of amalgam versus composite posterior restorations placed in a randomized clinical trial. The Journal of the American Dental Association, 138(6), 775–783. https://doi.org/10.14219/jada.archive.2007.0265
Demarco, F. F., Corrêa, M. B., Cenci, M. S., Moraes, R. R., & Opdam, N. J. M. (2012). Longevity of posterior composite restorations: Not only a matter of materials. Dental Materials, 28(1), 87–101. https://doi.org/10.1016/j.dental.2011.09.003
DeRouen, T. A., Martin, M. D., Leroux, B. G., Townes, B. D., Woods, J. S., Leitão, J., Castro-Caldas, A., Luis, H., Bernardo, M., Rosenbaum, G., & Martins, I. P. (2006). Neurobehavioral effects of dental amalgam in children: A randomized clinical trial. JAMA, 295(15), 1784–1792. https://doi.org/10.1001/jama.295.15.1784
Ferracane, J. L. (2011). Resin composite—State of the art. Dental Materials, 27(1), 29–38. https://doi.org/10.1016/j.dental.2010.10.020
Fisher, J., Varenne, B., Narvaez, D., & Vickers, C. (2018). The Minamata Convention and the phase down of dental amalgam. Bulletin of the World Health Organization, 96(6), 436–438. https://doi.org/10.2471/blt.17.203141
Heintze, S. D., Loguercio, A. D., Hanzen, T. A., Reis, A., & Rousson, V. (2022). Clinical efficacy of resin-based direct posterior restorations and glass-ionomer restorations – An updated meta-analysis of clinical outcome parameters. Dental Materials, 38(5), e109–e135. https://doi.org/10.1016/j.dental.2021.10.018
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Opdam, N. J. M., van de Sande, F. H., Bronkhorst, E., Cenci, M. S., Bottenberg, P., Pallesen, U., Gaengler, P., Lindberg, A., Huysmans, M. C. D. N. J. M., & van Dijken, J. W. (2014). Longevity of posterior composite restorations: A systematic review and meta-analysis. Journal of Dental Research, 93(10), 943–949. https://doi.org/10.1177/0022034514544217
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Worthington, H. V., Khangura, S., Seal, K., Mierzwinski-Urban, M., Veitz-Keenan, A., Sahrmann, P., Schmidlin, P. R., Davis, D., Iheozor-Ejiofor, Z., & Rasines Alcaraz, M. G. (2021). Direct composite resin fillings versus amalgam fillings for permanent posterior teeth. Cochrane Database of Systematic Reviews, 2021(8), Article CD005620. https://doi.org/10.1002/14651858.cd005620.pub3
Imagen principal: Ozkan Guner / Unsplash. Las fotografías son imágenes de stock ilustrativas: no muestran pacientes, casos ni resultados de The Special Teeth.
Información educativa. La valoración profesional determina el diagnóstico y las opciones apropiadas para cada persona.


