
Diente fisurado: cuando duele al morder y la radiografía “no muestra nada”
Un dolor breve al morder o al soltar, que va y viene, puede ser una fisura invisible en las radiografías. Señales, diagnóstico y opciones de tratamiento según la evidencia.
Duele solo al morder ciertas cosas, a veces al soltar la mordida, y luego desaparece durante días. Vas al dentista, te toman radiografías y te dicen que “no se ve nada”. Ese patrón tan desconcertante tiene nombre: síndrome del diente fisurado. Es una de las causas de dolor dental más difíciles de diagnosticar, y entenderla puede ahorrarte meses de incertidumbre.
Imagina esta escena hipotética: Ricardo tiene 47 años y es un gran aficionado a las palomitas. Desde hace unas semanas, cada vez que muerde algo duro del lado izquierdo siente una punzada eléctrica, breve e intensa. Lo curioso es que el dolor aparece más al soltar que al apretar. Con el agua fría también le molesta un poco. Ya fue a una consulta, le tomaron una radiografía y no encontraron caries ni infección. Ricardo empieza a pensar que se lo está imaginando.
No se lo está imaginando. Lo que describe es un cuadro clásico que la odontología conoce desde hace décadas.
Un nombre con más de medio siglo
El término “síndrome del diente fisurado” se popularizó en 1964, cuando se describieron pacientes con dolor al masticar sin una causa visible en los exámenes habituales (Cameron, 1964). Desde entonces se sabe que una grieta muy fina, que no siempre se ve a simple vista ni en una radiografía, puede atravesar el esmalte y la dentina y provocar molestias intermitentes.
¿Por qué duele de esa forma tan particular? Una explicación aceptada es que, al morder, los fragmentos a cada lado de la fisura se separan ligeramente y mueven el líquido que hay dentro de los túbulos de la dentina. Ese movimiento estimula los nervios de la pulpa. Al soltar, los fragmentos vuelven a juntarse de golpe, y eso explica el famoso “dolor de rebote” (Banerji et al., 2010a).
¿Quién tiene más probabilidades de sufrirlo?
Las revisiones sobre el tema coinciden en algunos patrones. Las fisuras son más frecuentes en adultos de mediana edad y suelen aparecer en molares, sobre todo los inferiores, y en premolares superiores (Lubisich et al., 2010). Entre los factores asociados se mencionan las restauraciones grandes que debilitan las paredes del diente, el apretamiento o rechinamiento de dientes, morder objetos duros y ciertas formas de las cúspides que concentran las fuerzas.
Un análisis de casos encontró además un dato sorprendente: una parte importante de los dientes fisurados no tenía restauraciones o solo tenía restauraciones pequeñas (Seo et al., 2012). En otras palabras, un diente “sano” también puede agrietarse si recibe fuerzas intensas y repetidas.
Las señales que conviene anotar
Como la fisura no siempre se ve, la descripción de los síntomas es una de las herramientas más valiosas para el diagnóstico (Banerji et al., 2010a). Estas son las pistas más típicas:
- Dolor agudo y breve al morder alimentos duros o fibrosos, a menudo en un punto muy específico.
- Dolor al soltar la mordida, más que al apretar.
- Sensibilidad al frío, y a veces a los dulces.
- Dificultad para señalar con exactitud qué diente es el que duele.
- Molestias que aparecen y desaparecen durante semanas o meses.
Un gran estudio de una red de consultorios en Estados Unidos examinó miles de dientes con fisuras visibles y encontró que no todas causaban síntomas. Ciertas características externas, como fisuras que bloquean el paso de la luz o que se conectan con una restauración, se relacionaban con más probabilidad de dolor (Hilton et al., 2017). Esto ayuda a entender por qué muchas personas tienen líneas en el esmalte sin ningún problema, mientras que otras sufren mucho con grietas casi invisibles.
Cómo se busca una grieta que no se ve
El diagnóstico suele combinar varias pruebas. Una de las más útiles es pedirle al paciente que muerda un instrumento especial, cúspide por cúspide, hasta reproducir el dolor. También se usa la transiluminación, que consiste en iluminar el diente con una luz intensa: si hay una fisura, la luz se detiene en ella. Los tintes, la magnificación y retirar una restauración antigua para mirar debajo también pueden ayudar (Banerji et al., 2010a).
La radiografía sigue siendo importante, pero por otro motivo: rara vez muestra la grieta, aunque sí permite descartar otras causas de dolor y detectar daño en el hueso cuando la fisura ya ha avanzado (Lubisich et al., 2010). Por eso, una radiografía “limpia” no significa que no haya nada.
No todas las grietas son iguales
La gravedad depende de hasta dónde llega la fisura. Una línea superficial en el esmalte casi nunca requiere tratamiento. Una cúspide fracturada suele tener buen pronóstico porque el fragmento se retira y el diente se restaura. Una fisura que avanza hacia el centro del diente puede comprometer la pulpa. Y cuando la grieta divide el diente en dos o se extiende muy profundo en la raíz, conservarlo puede no ser posible (Kakka et al., 2022).
Por eso el tiempo importa. Una fisura detectada a tiempo tiene muchas más opciones de tratamiento que una que siguió creciendo durante meses de masticación.
Las opciones de tratamiento
El objetivo principal es mantener unidos los fragmentos para que dejen de moverse al morder. Cuando la pulpa está sana, suele bastar con proteger el diente con una restauración que cubra las cúspides, como una corona o una incrustación. A veces se coloca primero una protección provisional para confirmar que el dolor desaparece antes de hacer el tratamiento definitivo (Banerji et al., 2010b).
Las restauraciones adhesivas de resina también se han estudiado. En un seguimiento de siete años de dientes fisurados dolorosos restaurados con resina directa, la mayoría dejó de doler y las restauraciones siguieron funcionando, aunque algunas necesitaron reparaciones con el tiempo (Opdam et al., 2008).
No toda fisura detectada requiere tratamiento inmediato. En la misma red de consultorios, los dentistas tendían a recomendar tratamiento sobre todo cuando había síntomas, caries o una fisura evidente, mientras que muchas grietas sin molestias se dejaron en vigilancia (Hilton et al., 2020).
¿Y si la fisura llegó al nervio?
Cuando la pulpa está inflamada de forma irreversible o infectada, se necesita un tratamiento de conductos además de la protección con corona. Los resultados son alentadores: en un estudio, cerca de nueve de cada diez dientes fisurados tratados con endodoncia tuvieron éxito al año. Los resultados fueron peores cuando había bolsas periodontales profundas o varias fisuras en el mismo diente (Krell y Caplan, 2018).
Otro estudio mostró una supervivencia elevada de los dientes fisurados con endodoncia, menor cuando la fisura se extendía hacia la raíz (Kang et al., 2016). Una revisión sistemática con metaanálisis confirmó esas tasas altas de supervivencia y señaló la profundidad de las bolsas como uno de los factores pronósticos más importantes (Olivieri et al., 2020).
Cómo proteger tus dientes
- Evita morder hielo, huesos de aceituna, granos de maíz sin reventar, plumas o uñas.
- Si aprietas o rechinas los dientes, coméntalo con tu dentista; puede recomendar una guarda de protección.
- No pospongas la revisión de restauraciones muy grandes o desgastadas.
- Si un diente duele solo al morder, toma nota de qué alimentos lo provocan y cuándo ocurre el dolor; esa información es muy útil en la consulta.
- Mientras esperas la cita, mastica del otro lado para evitar que la grieta avance.
Preguntas frecuentes
¿Una fisura puede cerrarse sola? No. El esmalte y la dentina no se regeneran como un hueso. Lo que sí puede hacerse es estabilizar el diente para que la fisura no avance.
¿Si dejo de sentir dolor, ya se curó? No necesariamente. El dolor puede ir y venir mientras la grieta sigue creciendo. Conviene completar la valoración.
¿Las líneas que veo en mis dientes delanteros son fisuras peligrosas? Muchas veces son líneas superficiales del esmalte, muy comunes con la edad y sin consecuencias. Tu dentista puede diferenciarlas.
El final de la historia
En nuestro caso hipotético, Ricardo volvió a consulta con una lista de los alimentos que le provocaban dolor. Su dentista hizo una prueba de mordida cúspide por cúspide y reprodujo exactamente la punzada en una muela inferior. Con la transiluminación apareció una fisura fina junto a un empaste antiguo. La pulpa respondía de forma normal, así que le colocaron una protección que cubría las cúspides. El dolor desapareció en pocos días. Ricardo aprendió dos cosas: que una radiografía limpia no siempre cuenta toda la historia, y que las palomitas sin reventar no son tan inofensivas como parecen.
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Referencias
Banerji, S., Mehta, S. B., & Millar, B. J. (2010a). Cracked tooth syndrome. Part 1: Aetiology and diagnosis. British Dental Journal, 208(10), 459–463. https://doi.org/10.1038/sj.bdj.2010.449
Banerji, S., Mehta, S. B., & Millar, B. J. (2010b). Cracked tooth syndrome. Part 2: Restorative options for the management of cracked tooth syndrome. British Dental Journal, 208(11), 503–514. https://doi.org/10.1038/sj.bdj.2010.496
Cameron, C. E. (1964). Cracked-tooth syndrome. The Journal of the American Dental Association, 68(3), 405–411. https://doi.org/10.14219/jada.archive.1964.0108
Hilton, T. J., Funkhouser, E., Ferracane, J. L., Gilbert, G. H., Baltuck, C., Benjamin, P., Louis, D., Mungia, R., & Meyerowitz, C. (2017). Correlation between symptoms and external characteristics of cracked teeth. The Journal of the American Dental Association, 148(4), 246–256.e1. https://doi.org/10.1016/j.adaj.2016.12.023
Hilton, T. J., Funkhouser, E., Ferracane, J. L., Schultz-Robins, M., Gordan, V. V., Bramblett, B. J., Snead, R. M., Manning, W., & Remakel, J. R. (2020). Recommended treatment of cracked teeth: Results from the National Dental Practice-Based Research Network. The Journal of Prosthetic Dentistry, 123(1), 71–78. https://doi.org/10.1016/j.prosdent.2018.12.005
Kakka, A., Gavriil, D., & Whitworth, J. (2022). Treatment of cracked teeth: A comprehensive narrative review. Clinical and Experimental Dental Research, 8(5), 1218–1248. https://doi.org/10.1002/cre2.617
Kang, S. H., Kim, B. S., & Kim, Y. (2016). Cracked teeth: Distribution, characteristics, and survival after root canal treatment. Journal of Endodontics, 42(4), 557–562. https://doi.org/10.1016/j.joen.2016.01.014
Krell, K. V., & Caplan, D. J. (2018). 12-month success of cracked teeth treated with orthograde root canal treatment. Journal of Endodontics, 44(4), 543–548. https://doi.org/10.1016/j.joen.2017.12.025
Lubisich, E. B., Hilton, T. J., & Ferracane, J. (2010). Cracked teeth: A review of the literature. Journal of Esthetic and Restorative Dentistry, 22(3), 158–167. https://doi.org/10.1111/j.1708-8240.2010.00330.x
Olivieri, J. G., Elmsmari, F., Miró, Q., Ruiz, X.-F., Krell, K. V., García-Font, M., & Durán-Sindreu, F. (2020). Outcome and survival of endodontically treated cracked posterior permanent teeth: A systematic review and meta-analysis. Journal of Endodontics, 46(4), 455–463. https://doi.org/10.1016/j.joen.2020.01.006
Opdam, N. J. M., Roeters, J. J. M., Loomans, B. A. C., & Bronkhorst, E. M. (2008). Seven-year clinical evaluation of painful cracked teeth restored with a direct composite restoration. Journal of Endodontics, 34(7), 808–811. https://doi.org/10.1016/j.joen.2008.04.011
Seo, D.-G., Yi, Y.-A., Shin, S.-J., & Park, J.-W. (2012). Analysis of factors associated with cracked teeth. Journal of Endodontics, 38(3), 288–292. https://doi.org/10.1016/j.joen.2011.11.017
Imagen principal: Yasaman Abedini / Unsplash. Las fotografías son imágenes de stock ilustrativas: no muestran pacientes, casos ni resultados de The Special Teeth.
Información educativa. La valoración profesional determina el diagnóstico y las opciones apropiadas para cada persona.


