
Dientes de Waterloo: la verdadera historia de las dentaduras hechas con dientes humanos
En una vitrina de Londres hay una dentadura de marfil con dientes humanos. Su historia lleva a Waterloo, a los ladrones de tumbas y a una etiqueta que quizá nadie usó en su época.
En una vitrina del Science Museum de Londres hay una dentadura superior que cabe en la palma de la mano. Mide unos seis centímetros de ancho y está tallada en marfil. Al frente lleva unos dientes que nadie talló: son humanos.
La ficha del museo la fecha entre 1801 y 1860. No conoce a su fabricante ni sabe a quién pertenecieron esos dientes. Sí propone un origen posible: los campos de batalla de Europa, y en especial uno, Waterloo. La historia completa es más incómoda de lo que sugiere esa palabra y, en un punto clave, bastante menos segura.

Por qué una sonrisa necesitaba dientes ajenos
A finales del siglo XVIII, quien podía pagar una dentadura la encargaba tallada en marfil de elefante, morsa o hipopótamo. Era cara y, con el uso, se manchaba. Para que los dientes delanteros parecieran naturales había una solución tan obvia como siniestra: usar dientes de verdad.
El cirujano John Hunter describió en 1771, en The Natural History of the Human Teeth, cómo colocar un diente recién extraído en el alveolo de otra persona. El trasplante rara vez duraba: los dientes se aflojaban y podían transmitir infecciones. En 1787, el caricaturista Thomas Rowlandson retrató la práctica sin piedad. En su grabado, un dentista de moda arranca dientes a un niño deshollinador para colocárselos a una dama; en la puerta, un letrero promete pagar más que nadie por dientes «vivos».

Un mercado que no hacía preguntas
¿De dónde salían los dientes? Los documentos señalan tres caminos.
El primero eran personas vivas y pobres. En mayo de 1784, las cuentas de Mount Vernon registran un pago a personas esclavizadas por nueve dientes, a cuenta del dentista francés Jean-Pierre Le Mayeur. Los historiadores de Mount Vernon aclaran que no se sabe si aquellas personas pudieron negarse ni si esos dientes acabaron en la boca de George Washington. Contamos esa historia en Los dientes de Washington: el mito de madera escondía otra historia.
El segundo eran los muertos. En Londres, los llamados resurreccionistas desenterraban cadáveres para venderlos a las escuelas de anatomía, y los dientes eran un negocio aparte. James Blake Bailey, bibliotecario del Royal College of Surgeons, escribió en 1896 que estos hombres comerciaban mucho con dientes, entonces muy valiosos.
El caso más brutal llegó a juicio en 1831. Bishop y Williams intentaron vender a varias escuelas el cuerpo de un niño italiano, Carlo Ferrari. Antes le habían extraído los dientes y se los habían vendido a un dentista por doce chelines. Los descubrió un portero de King’s College que sospechó del cadáver.
El tercer camino eran los campos de batalla.
18 de junio de 1815
En Waterloo, en la actual Bélgica, murieron en un solo día entre 10,000 y 20,000 hombres, además de miles de caballos. Quienes llegaron en los días siguientes describieron cuerpos despojados de ropa y objetos, enterrados deprisa en fosas comunes. El arqueólogo Tony Pollard, de la Universidad de Glasgow, señala que entre los primeros visitantes hubo saqueadores que se llevaron también dientes para fabricar dentaduras.
Los soldados eran, en su mayoría, hombres jóvenes. Sus dientes eran justo lo que buscaba el mercado. Según el Science Museum Group, se extrajeron tantos tras la batalla que el mercado se saturó y las dentaduras con dientes humanos empezaron a llamarse «dientes de Waterloo». Así se repite desde hace décadas en museos, libros y artículos.

El giro: una etiqueta difícil de encontrar
Hay un problema con esa frase. Rachel Bairsto, curadora del British Dental Museum, que conserva varias de estas dentaduras, explicó a la BBC en 2015 que no había encontrado la expresión «dientes de Waterloo» en textos del siglo XIX. Si el nombre no circulaba entonces, muchos pacientes quizá nunca supieron de dónde venían los dientes que llevaban puestos.
Otros especialistas añaden un segundo matiz: la batalla no inventó la práctica. Andrew Spielman, de la Facultad de Odontología de la Universidad de Nueva York, recuerda que las dentaduras ya usaban dientes humanos al menos un siglo antes de 1815. También señala que los campos de batalla se explotaban como fuente desde las guerras de la Revolución francesa.
Nada de esto desmiente que se arrancaran dientes en Waterloo. Lo que cambia es el estatus de la historia. El saqueo es plausible y los historiadores lo consideran probable. El nombre, en cambio, parece una etiqueta posterior: útil para explicar una época, pero insuficiente para saber de qué boca salió cada diente de una vitrina.
Los muertos que faltan
Waterloo guarda otro misterio. Pese a los miles de víctimas, la arqueología solo ha recuperado dos esqueletos en el campo de batalla, además de huesos amputados en el antiguo hospital de campaña. Las fosas comunes que describieron los primeros visitantes nunca se han localizado.
En 2022, Pollard propuso que esas fosas se vaciaron en las décadas siguientes para vender los huesos como fertilizante, un comercio que mencionan varios periódicos británicos desde la década de 1820. Un estudio de Bernard Wilkin, Robin Schäfer y el propio Pollard plantea otra posibilidad: el valor de los huesos se disparó hacia 1833, cuando llegó a la llanura de Waterloo la industria del azúcar de remolacha. Ninguna de las dos hipótesis se ha confirmado todavía con excavaciones.
El final de una práctica
Las dentaduras con dientes humanos siguieron fabricándose durante buena parte del siglo XIX; el Science Museum conserva ejemplares fechados hasta 1890. En Reino Unido, la Ley de Anatomía de 1832 dio a las escuelas un suministro legal de cuerpos y acabó con el negocio de los resurreccionistas. Lo que desplazó definitivamente a los dientes humanos fue la técnica: dientes de porcelana cada vez más realistas y, a mediados de siglo, bases de caucho vulcanizado, más baratas que el marfil.
Lo que se sabe y lo que sigue en discusión
Documentado:
- Existen dentaduras de marfil con dientes humanos en colecciones de museos.
- Se compraban dientes a personas vivas, incluidas personas esclavizadas.
- Los resurreccionistas vendían dientes de cadáveres; el caso de 1831 llegó a juicio.
En discusión:
- Cuántos dientes salieron realmente de Waterloo.
- Si la expresión «dientes de Waterloo» se usaba en el siglo XIX.
- Qué pasó con las fosas comunes de la batalla.
Las dentaduras de hoy
Una dentadura actual se fabrica con resinas acrílicas y cerámicas, a la medida de cada boca. Cuando la odontología usa tejido de donante, como algunos injertos de hueso, ese material llega con consentimiento y trazabilidad. Si usas dentadura, quizá te interese saber por qué se mueve y cuándo conviene ajustarla o cómo se compara con los dientes fijos sobre implantes.
La dentadura del Science Museum sigue sin nombre. Sus dientes pudieron venir de un soldado, de un cementerio de Londres o de alguien que necesitaba unas monedas. La ficha no lo sabe, y esa incertidumbre es la parte más honesta de la historia.
Fuentes consultadas
- Science Museum Group — Upper ivory denture with human teeth, England, 1801-1860 (A622043)
- George Washington’s Mount Vernon — George Washington and slave teeth
- James Blake Bailey, The Diary of a Resurrectionist, 1811-1812 (1896)
- Royal College of Surgeons of England — Transplanting of Teeth
- University of Glasgow — estudio de Tony Pollard sobre las fosas de Waterloo (2022)
- Wilkin, Schäfer y Pollard — The real fate of the Waterloo fallen, Journal of Belgian History
- BBC News — entrevista con Rachel Bairsto, British Dental Museum (2015)
- Atlas Obscura — When Dentures Used Real Human Teeth
