
Erosión dental: cómo los ácidos desgastan tus dientes sin que lo notes
Bebidas deportivas, refrescos, cítricos o reflujo pueden disolver el esmalte poco a poco. Qué es la erosión dental, cómo reconocerla y qué hábitos ayudan a frenarla.
La erosión dental es la pérdida de esmalte y dentina causada por ácidos que no provienen de bacterias, sino de lo que comemos y bebemos o del propio estómago. A diferencia de la caries, no forma agujeros, sino que va desgastando las superficies de manera lenta y silenciosa. Cuando se nota, a menudo ya hay una pérdida considerable. La buena noticia es que, detectada a tiempo, se puede frenar con cambios sencillos.
Imagina esta escena hipotética: Ricardo tiene 30 años y corre todos los días. Bebe dos o tres bebidas deportivas durante sus entrenamientos, empieza la mañana con agua con limón y, por la tarde, se lleva una botella de agua mineral con gas que va tomando a sorbos. Nunca ha tenido caries. Un día nota que los bordes de sus dientes de enfrente se ven casi transparentes y que le molestan con el frío. “Si no como dulces, ¿cómo es posible?”, se pregunta.
¿Qué es exactamente la erosión?
Los especialistas la describen como una condición multifactorial en la que intervienen procesos químicos y mecánicos, y que preocupa cada vez más por su frecuencia en todas las edades (Lussi y Carvalho, 2014). El punto de partida es químico: cuando un ácido entra en contacto con el diente, disuelve parte de los minerales de la superficie del esmalte y la deja reblandecida. Qué tan agresivo es ese ácido depende no solo de su pH, sino también de su capacidad para mantener la acidez y de su contenido de calcio y fosfato (Lussi et al., 2011).
Esa superficie reblandecida es más vulnerable al desgaste mecánico. La erosión interactúa con la abrasión, como la del cepillado, y con la atrición, que es el desgaste por el contacto entre dientes; juntas pueden acelerar la pérdida de tejido (Shellis y Addy, 2014). Por eso se habla de “desgaste dental erosivo”.
¿Qué tan frecuente es?
Más de lo que parece. Una revisión sobre su prevalencia mundial encontró que afecta a una proporción importante de niños, adolescentes y adultos, y que es mayor en ciertos grupos de riesgo (Schlueter y Luka, 2018). En un estudio con adultos jóvenes de varios países europeos, casi un tercio presentaba desgaste dental, y este se asoció con el consumo de jugos de fruta y refrescos, con la acidez estomacal o el reflujo y con el vómito frecuente (Bartlett et al., 2013). Las revisiones sobre su distribución señalan que la erosión ha ido en aumento y que su patrón en la boca puede orientar hacia su causa (Jaeggi y Lussi, 2006).
Las fuentes de ácido
Ácidos de la dieta
Refrescos, bebidas deportivas y energéticas, jugos de fruta, cítricos, vinagres, algunos vinos y tés frutales pueden ser erosivos. Pero no se trata solo de qué se consume, sino de cómo. Beber a sorbos durante horas, mantener la bebida en la boca, enjuagarse con ella o consumir ácidos entre comidas aumenta el riesgo, porque prolonga el contacto del ácido con el diente (O’Toole y Mullan, 2018). Ese es justamente el caso de Ricardo: varias bebidas ácidas repartidas a lo largo del día.
Ácidos del estómago
El ácido gástrico es muy erosivo. Una revisión sistemática encontró una asociación clara entre la enfermedad por reflujo gastroesofágico y las lesiones de erosión dental (Pace et al., 2008). Otra revisión con metaanálisis encontró que los trastornos de la conducta alimentaria se asocian con un riesgo mayor de erosión, sobre todo cuando hay vómitos (Hermont et al., 2014). En estos casos, la boca puede ser una de las primeras señales de un problema de salud que merece atención médica y apoyo profesional.
Señales que pueden delatarla
- Bordes de los dientes frontales que se ven translúcidos o más delgados.
- Superficies lisas, brillantes o con pequeñas depresiones redondeadas.
- Dientes que se ven más amarillos, porque el esmalte adelgaza y transparenta la dentina.
- Restauraciones que parecen “sobresalir” porque el diente alrededor se desgastó.
- Sensibilidad al frío, al calor o a lo dulce.
Para evaluarla de forma sistemática, los profesionales pueden usar un índice sencillo llamado BEWE, que asigna una puntuación al desgaste en cada sector de la boca y ayuda a decidir qué medidas tomar (Bartlett et al., 2008).
Cómo se maneja
Un consenso europeo sobre diagnóstico y manejo del desgaste erosivo recomienda empezar por identificar y controlar las causas, aplicar medidas preventivas y reservar las restauraciones para cuando el desgaste es avanzado, afecta la función o la estética, o causa sensibilidad persistente (Carvalho et al., 2015). Restaurar sin cambiar los hábitos no detiene el problema.
Hábitos que protegen
- Reduce la frecuencia de bebidas ácidas y, si las tomas, hazlo en un solo momento, de preferencia con las comidas.
- No las mantengas en la boca ni hagas buches con ellas. Un popote puede ayudar a disminuir el contacto con los dientes frontales.
- Después de algo ácido, enjuágate con agua o come algo neutro, como un trozo de queso.
- Espera un rato antes de cepillarte y usa un cepillo suave con pasta fluorada, sin frotar con fuerza.
- Prefiere agua natural para hidratarte en el día y durante el ejercicio, salvo que necesites otra bebida por indicación.
- Si tienes reflujo, acidez frecuente o vómitos, coméntalo con tu médico; tratar la causa protege también tus dientes.
Cuando ya hay desgaste
Si la erosión ha causado sensibilidad, cambios estéticos o pérdida de función, existen opciones de restauración, desde resinas adheridas que cubren las zonas desgastadas hasta restauraciones más extensas en casos avanzados. Lo ideal es que sean lo más conservadoras posible y que vayan acompañadas de las medidas preventivas (Carvalho et al., 2015).
Preguntas frecuentes
¿El agua con gas es mala para los dientes? El agua carbonatada es ligeramente ácida, pero suele ser mucho menos erosiva que los refrescos o las bebidas con sabor cítrico. El problema aumenta cuando lleva saborizantes ácidos o se bebe a sorbos todo el día.
¿El esmalte perdido se recupera? No. El esmalte no se regenera. Sí se puede frenar el desgaste y proteger lo que queda.
¿Cepillarme justo después de comer fruta es malo? Puede aumentar el desgaste si el esmalte está reblandecido. Es mejor enjuagarse con agua y esperar un rato.
El final de la historia
En nuestro caso hipotético, Ricardo acudió a una valoración. Le explicaron que tenía desgaste erosivo en los bordes de sus dientes frontales, favorecido por la frecuencia de bebidas ácidas. Cambió las bebidas deportivas por agua en los entrenamientos cortos, dejó de beber agua mineral a sorbos durante toda la tarde y empezó a enjuagarse con agua después del jugo del desayuno. Sus dientes no recuperaron el esmalte perdido, pero en las revisiones siguientes el desgaste dejó de avanzar y la sensibilidad disminuyó. Su historia muestra que la erosión no depende solo de lo que comes, sino de cómo y cuándo lo haces.
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Referencias
Bartlett, D., Ganss, C., & Lussi, A. (2008). Basic Erosive Wear Examination (BEWE): A new scoring system for scientific and clinical needs. Clinical Oral Investigations, 12(S1), S65–S68. https://doi.org/10.1007/s00784-007-0181-5
Bartlett, D. W., Lussi, A., West, N. X., Bouchard, P., Sanz, M., & Bourgeois, D. (2013). Prevalence of tooth wear on buccal and lingual surfaces and possible risk factors in young European adults. Journal of Dentistry, 41(11), 1007–1013. https://doi.org/10.1016/j.jdent.2013.08.018
Carvalho, T. S., Colon, P., Ganss, C., Huysmans, M. C., Lussi, A., Schlueter, N., Schmalz, G., Shellis, R. P., Tveit, A. B., & Wiegand, A. (2015). Consensus report of the European Federation of Conservative Dentistry: Erosive tooth wear—diagnosis and management. Clinical Oral Investigations, 19(7), 1557–1561. https://doi.org/10.1007/s00784-015-1511-7
Hermont, A. P., Oliveira, P. A. D., Martins, C. C., Paiva, S. M., Pordeus, I. A., & Auad, S. M. (2014). Tooth erosion and eating disorders: A systematic review and meta-analysis. PLoS ONE, 9(11), Article e111123. https://doi.org/10.1371/journal.pone.0111123
Jaeggi, T., & Lussi, A. (2006). Prevalence, incidence and distribution of erosion. Monographs in Oral Science, 20, 44–65. https://doi.org/10.1159/000093350
Lussi, A., & Carvalho, T. S. (2014). Erosive tooth wear: A multifactorial condition of growing concern and increasing knowledge. Monographs in Oral Science, 25, 1–15. https://doi.org/10.1159/000360380
Lussi, A., Schlueter, N., Rakhmatullina, E., & Ganss, C. (2011). Dental erosion – an overview with emphasis on chemical and histopathological aspects. Caries Research, 45(Suppl 1), 2–12. https://doi.org/10.1159/000325915
O’Toole, S., & Mullan, F. (2018). The role of the diet in tooth wear. British Dental Journal, 224(5), 379–383. https://doi.org/10.1038/sj.bdj.2018.127
Pace, F., Pallotta, S., Tonini, M., Vakil, N., & Bianchi Porro, G. (2008). Systematic review: Gastro-oesophageal reflux disease and dental lesions. Alimentary Pharmacology & Therapeutics, 27(12), 1179–1186. https://doi.org/10.1111/j.1365-2036.2008.03694.x
Schlueter, N., & Luka, B. (2018). Erosive tooth wear – a review on global prevalence and on its prevalence in risk groups. British Dental Journal, 224(5), 364–370. https://doi.org/10.1038/sj.bdj.2018.167
Shellis, R. P., & Addy, M. (2014). The interactions between attrition, abrasion and erosion in tooth wear. Monographs in Oral Science, 25, 32–45. https://doi.org/10.1159/000359936
Imagen principal: Francesca Hotchin / Unsplash. Las fotografías son imágenes de stock ilustrativas: no muestran pacientes, casos ni resultados de The Special Teeth.
Información educativa. La valoración profesional determina el diagnóstico y las opciones apropiadas para cada persona.


