Dientes negros: cuando una sonrisa oscura era símbolo de belleza en Japón

Durante casi mil años, en Japón, teñirse los dientes de negro fue signo de elegancia. Cómo se hacía, si protegía de la caries y qué gesto de una emperatriz la hizo desaparecer.

En 1873, la emperatriz de Japón apareció en público con los dientes blancos. En una mujer casada de la corte, aquello rompía una tradición de siglos. El gesto parece mínimo, pero marcó el principio del fin de una costumbre que había definido la belleza en Japón durante casi mil años.

Esa costumbre se llamaba ohaguro: teñirse los dientes de negro. A ojos de hoy puede parecer un disfraz de Halloween. Para quienes la practicaban, era exactamente lo contrario: una señal de elegancia, madurez y buen gusto.

Grabado japonés ukiyo-e de hacia 1815 de una mujer ennegreciéndose los dientes
Mujer ennegreciéndose los dientes, grabado de Utagawa Kunisada, hacia 1815. Dominio público, vía Wikimedia Commons.

Una sonrisa de la corte

Nadie sabe con exactitud cuándo empezó el ohaguro. Las primeras menciones escritas aparecen en la literatura cortesana del periodo Heian: el Genji monogatari, del siglo XI, y un cuento del siglo XII sobre una joven aristócrata que se negaba a seguir la moda y escandalizaba a todos con sus dientes blancos.

En la corte, hombres y mujeres de la nobleza se ennegrecían los dientes al llegar a la edad adulta, en torno a los 13 a 16 años. El Museo Nacional de Kioto la incluye entre las prácticas cosméticas de la antigua aristocracia, usadas por hombres y mujeres. Solía acompañarse del hikimayu: rasurarse las cejas y pintarlas más arriba en la frente.

De la aristocracia a las mujeres casadas

Con los siglos, la costumbre bajó de la corte a la sociedad. En el periodo Edo, entre los siglos XVII y XIX, el ohaguro se volvió la marca de las mujeres casadas. Una joven se teñía los dientes al casarse, y la sonrisa negra anunciaba su nuevo estado. Entre los hombres, en cambio, quedó reservada a la familia imperial y la alta nobleza.

No era un gesto único: había que repetirlo con frecuencia, porque el color se desgastaba. Formaba parte del arreglo cotidiano, como el peinado o el maquillaje.

La química de una sonrisa negra

El tinte se preparaba con una solución llamada kanemizu: limaduras de hierro disueltas en vinagre o en té. Al pintar los dientes con ella y luego con un polvo de agallas vegetales rico en taninos, llamado fushi, el hierro y los taninos reaccionaban y formaban una capa negra que no se disolvía con agua. Es la misma reacción química que da color a la tinta ferrogálica con la que se escribieron siglos de manuscritos.

El giro: ¿una capa protectora?

Ya en 1609, el funcionario español Antonio de Morga escribió desde Filipinas, donde existía una costumbre parecida, que el tinte conservaba los dientes hasta la vejez. Algunos autores modernos han propuesto que la capa de tanino y hierro funcionaba como una especie de sellador contra la caries.

La hipótesis es atractiva, pero no está demostrada. El historiador Thomas Zumbroich, que ha estudiado el ennegrecimiento dental en Asia y Oceanía, documenta que muchas culturas lo consideraban una forma de fortalecer dientes y encías, aunque la motivación principal casi nunca era médica. No existen estudios clínicos modernos que confirmen un efecto protector. Hoy sabemos, eso sí, que la protección real contra la caries depende sobre todo del cepillado con flúor, la dieta y las revisiones.

El fin de una costumbre

La apertura de Japón a Occidente cambió los ideales de belleza. En 1870, el nuevo gobierno Meiji prohibió el ohaguro a los hombres. Tres años después, la emperatriz Shōken mostró en público sus dientes blancos, y las mujeres de la nobleza y de las ciudades empezaron a abandonarlo.

No desapareció de golpe. Entre las clases medias y rurales siguió vivo hasta finales del periodo Meiji, y después del periodo Taishō, hacia 1926, solo lo conservaban algunas mujeres mayores del campo.

Retrato de la emperatriz Shōken, esposa del emperador Meiji
La emperatriz Shōken (1849–1914). Dominio público, vía Wikimedia Commons.

Lo que se sabe y lo que sigue en discusión

Documentado:

  • El ohaguro aparece en la literatura japonesa desde el siglo XI.
  • En el periodo Edo fue la marca de las mujeres casadas.
  • Se prohibió a los hombres en 1870 y decayó tras el gesto de la emperatriz en 1873.
  • Prácticas parecidas existieron en Vietnam, el sudeste asiático, Oceanía y Madagascar.

En discusión:

  • El origen exacto de la costumbre.
  • Si el tinte protegía de verdad contra la caries.

La sonrisa cambia de moda; la salud, no

El ohaguro recuerda que una «sonrisa bonita» depende de la época. Hoy asociamos belleza con dientes blancos y alineados; durante siglos, en Japón, un diente blanco en una mujer casada podía parecer descuidado. La salud, en cambio, no cambia de moda. Una advertencia necesaria: no intentes reproducir estas mezclas en casa; el hierro y los ácidos pueden dañar el esmalte y las encías. Si te preocupa el desgaste por ácidos, lee Erosión dental: cómo los ácidos desgastan tus dientes sin que lo notes.

Durante mil años, una sonrisa negra fue sinónimo de elegancia. Bastó una aparición pública de la emperatriz para que empezara a parecer extraña.

Fuentes consultadas

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