Colmillos de elefante: el diente que llevó al celuloide y cambió la evolución

El marfil de las bolas de billar era dentina de elefante. Buscar un sustituto dio origen al celuloide, y la caza por ese diente terminó cambiando el genoma de una población entera.

A mediados del siglo XIX, en los salones de billar de Estados Unidos y Europa, cada bola que chocaba sobre el paño era un pedazo de diente. Las mejores se tallaban en marfil, y el marfil venía de los colmillos de elefante. Cuando ese material empezó a escasear, una empresa de billar ofreció una recompensa a quien inventara un sustituto. La respuesta dio origen a uno de los primeros plásticos.

Siglo y medio después, el mismo marfil provocó otra transformación, esta vez en los propios elefantes.

Elefante africano adulto con sus dos colmillos visibles
Foto: Wolfgang Hasselmann en Unsplash.

Un incisivo que nunca deja de crecer

Los colmillos del elefante no son cuernos ni huesos. Son incisivos superiores que crecen durante toda la vida del animal. Según South African National Parks, aproximadamente una cuarta parte del colmillo queda dentro del cráneo, y en su interior hay una cavidad con pulpa, como en cualquier diente.

El material que llamamos marfil es dentina, el mismo tejido que forma la mayor parte de nuestros dientes. En el colmillo del elefante representa cerca del 95 %. Los elefantes jóvenes tienen una pequeña capa de esmalte en la punta, pero se desgasta pronto y no se renueva. Lo que queda a la vista es dentina recubierta de cemento.

Un corte transversal del colmillo muestra un patrón cruzado característico, las llamadas líneas de Schreger. Es una de las señales que se usan para distinguir el marfil de elefante de otros materiales.

El problema del billar

Durante el siglo XIX, el marfil se usaba para teclas de piano, peines, mangos de cubiertos, botones y también para piezas dentales: las dentaduras de George Washington, por ejemplo, incluían marfil de hipopótamo, de morsa y probablemente de elefante. Pero las bolas de billar exigían algo más difícil de conseguir: piezas grandes, densas y sin grietas.

Según la Oficina de Ciencia y Sociedad de la Universidad McGill, en 1864 la empresa estadounidense Phelan and Collender ofreció 10,000 dólares a quien encontrara un material que sustituyera al marfil en las bolas de billar.

Bolas de billar sobre una mesa de paño
Las bolas de billar actuales se fabrican con resinas sintéticas; en el siglo XIX las mejores se tallaban en marfil. Foto: Joey Genovese en Unsplash.

Un impresor de Albany

John Wesley Hyatt, un impresor de Albany, Nueva York, se interesó por el reto. Su primer intento fue prensar polvo de hueso o de marfil con goma laca, sin éxito. Más tarde trabajó con colodión, una solución de nitrocelulosa. La mezcla de nitrocelulosa y alcanfor recibió un nombre propuesto por su hermano Isaiah: celuloide.

El celuloide terminó usándose en bolas de billar, peines, mangos y, años después, en la película fotográfica y cinematográfica. No está claro si Hyatt llegó a cobrar la recompensa.

El giro: elefantes que nacen sin colmillos

Los sustitutos no acabaron con la demanda de marfil. En Mozambique, durante la guerra civil de 1977 a 1992, la caza de elefantes para vender sus colmillos ayudó a financiar el conflicto. En el Parque Nacional de Gorongosa, la población de elefantes cayó drásticamente.

Los cazadores buscaban animales con colmillos. Las hembras que nacían sin ellos, por una condición genética poco común, tenían más probabilidades de sobrevivir. En 2021, un equipo encabezado por Shane Campbell-Staton y Robert Pringle, de la Universidad de Princeton, publicó en la revista Science lo que eso provocó.

Al inicio de la guerra, las hembras sin colmillos eran alrededor del 18 % en Gorongosa. Tras el conflicto llegaron a ser más de la mitad. Durante el periodo estudiado, las hembras sin colmillos tuvieron unas cinco veces más probabilidades de sobrevivir que las que sí los tenían.

Familia de elefantes caminando juntos en la sabana
Grupo familiar de elefantes. Foto ilustrativa, no corresponde a Gorongosa. Foto: Justin Porter en Unsplash.

Un rasgo que solo heredan las hembras

El estudio también explicó por qué casi no hay machos sin colmillos. Los investigadores encontraron que el rasgo está ligado al cromosoma X y que, según su hipótesis, es letal para los machos que lo heredan, que no llegan a nacer. Por eso las madres sin colmillos tuvieron alrededor de dos tercios de crías hembras.

Los genes señalados, AMELX y MEP1a, participan en el desarrollo de los dientes en muchos mamíferos. En humanos, AMELX se relaciona con un trastorno ligado al cromosoma X que afecta el crecimiento de los incisivos laterales.

Lo que se sabe y lo que sigue en discusión

Documentado:

  • Los colmillos de elefante son incisivos superiores, y el marfil es principalmente dentina.
  • En 1864 se ofreció una recompensa por un sustituto del marfil para bolas de billar, y el trabajo de Hyatt condujo al celuloide.
  • En Gorongosa, la proporción de hembras sin colmillos aumentó tras la guerra civil, según el estudio publicado en Science en 2021.

En discusión:

  • Las historias de bolas de celuloide que estallaban al chocar circulan mucho, pero la propia fuente de McGill las considera más leyenda que hecho.
  • Cuánto tiempo tardará la población en recuperar la proporción anterior de hembras con colmillos.
  • Qué consecuencias ecológicas tiene que haya más elefantes sin colmillos, ya que los usan para excavar y descortezar árboles.

Cuando falta un diente desde el nacimiento

Que un diente no llegue a formarse también ocurre en personas. Se llama agenesia dental, y los incisivos laterales superiores están entre las piezas que con más frecuencia faltan. A veces pasa inadvertido hasta que el diente de leche se cae y no aparece el permanente. Te contamos qué ocurre cuando falta una pieza y qué opciones hay en Qué pasa si te falta un diente, y cómo eran en realidad las dentaduras de marfil en Los dientes de George Washington.

Un diente de elefante cambió la forma en que se fabrican los objetos cotidianos. Y la presión sobre ese mismo diente terminó dejando su huella en el genoma de una población entera.

Fuentes consultadas

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